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3 de julio de 2012

La Sierra de los Guerreros

#Cuba @twitturquino
En el 2009 publiqué estos comentarios sobre la Sierra Maestra, ahora en vísperas de una nueva visita a las montañas de mi amor los pongo nuevamente a su consideración. las fotos las tomé en una subida de agosto hace ya algunos años.

La Sierra de los Guerreros
Fidel tenía desde el primer momento la inconmovible certeza de que la Sierra Maestra era un bastión inconquistable. 

Cuentan que una vez, reagrupada la guerrilla, al ver los firmes el la lontananza, afirmó: Cuando lleguemos, de allí no nos saca nadie.

Las montañas se convirtieron en el espacio natural de los guerreros. Entre diciembre de 1956 y diciembre de 1958, las columnas de rebeldes que defendían la libertad, desde los desfiladeros y las cañadas de la “Maestra” derrotaron un ejercito moderno de más de 10 000 hombres armados y adiestrados por los asesores del Pentágono.


Bosques de vegetación exuberante, arroyos que nacen de las rocas, cuevas y escondites, sombras y confines nublados, refugiaron a los hombres de la guerrilla y le negaron el paso a los soldados de la oligarquía.


Los campesinos de la sierra, gente que se conoce cada páramo, cada trillo, cada vericueto, fueron aliados imprescindibles de los guerrilleros, aseguraron la logística, tomaron las armas para combatir y pusieron mucha de la sangre que se derramó en esas laderas.


Porque contra la Sierra y sus habitantes se empeñó el enemigo: bombardeos que derribaron árboles centenarios, derruían las casas y mataban inocentes, asesinatos a mansalva de familias enteras, destrucción de la fauna.


La Sierra es un ser vivo y en sus costados tiene cicatrices de las heridas que le ocasionó la malsanidad y el odio.


Durante la primera etapa, la guerrilla tuvo una vida nómada, sin campamento fijo, andaban y desandaban los caminos, evitando ser ubicados, golpeando al enemigo, empleando esa táctica que el argot popular bautizó con el nombre de: muerde y huye.
La plata, Arroyo del Infierno, entre otros combates, ocurrieron en esos primeros meses.
Las duras caminatas, la lluvia casi diaria, la escasez de alimentos, los rigores de la intemperie, funcionaron como una suerte de selección natural para que perduraran los más firmes, los más convencidos, los más resistentes.


La Sierra necesita ser conquistada como toda mujer difícil, y las pruebas de amor son tan duras que no todos consiguen rendirla, pero una vez que se ha dormido con ella, es la más fiel de las amantes.


De ese amor vivieron los guerreros, por el subsistieron y como predijo Fidel no pudieron ser derrotados.


Es saludable para los jóvenes andar por el firme y escalar las montañas, dormir al raso y sentir en carne propia la mordida de la gravedad. De ese modo se consigue comprender un poco más a los rebeldes de la historia, sabiendo de antemano que cada época tiene sus propios desafíos, pero advirtiendo entre la rudeza de la escalada que quienes les antecedieron, eran gentes de corazón inmenso y voluntad a toda prueba. Y esas son cualidades imprescindibles para cualquier tiempo pasado, presente y futuro.

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