
Quería empezar este texto con la frase “la mujer que yo quiero” pero ya Serrat lo hizo y de manera insuperable. De todos modos es preciso homenajear a la Mujer, uso la mayúscula a propósito, especialmente ahora que se aproxima el día que internacionalmente se les dedica a ellas. El 8 de marzo es un buen momento para confirmar, que todos los días son excelentes para agasajar a las mujeres, no solo porque son la mitad de la población del mundo y responsables del nacimiento de la otra mitad. Sino porque la Mujer es esencia de la luz y raíz de los latidos.
Contra las mujeres se ensañaron las filosofías y religiones, los cultos universales dejan a la mujer en el rincón. Los fundamentalistas las denigran y las agraden con rencor, la acusan de los pecados y de las desgracias que acontecen a la humanidad. El 8 de marzo de 1908, cuarenta mil costureras industriales norteamericanas se declararon en huelga exigiendo el derecho a integrarse a los sindicatos, mejores salarios, jornadas laborales más cortas y en rechazo al trabajo infantil. La consigna fue Pan y Rosas, 129 obreras fueron asesinadas por los dueños de la fábrica estadounidense Cotton Textile Factory, las encerraron y les prendieron fuego.
El capitalismo se ha ocupado de convertir a la mujer en mercancía, no solo a la mujer como ser sino incluso a la feminidad como condición. El capitalismo es la sociedad de la discriminación y del abuso. Desde la Cotton Textile Factory hasta la Play Boy, desde las maquilas hasta la prohibición del aborto, desde las mujeres baleadas en el norte de Méjico, hasta las mujeres sin rostro en Afganistán.
El centenario del Día Internacional de la Mujer será celebrado en el planeta de muchas maneras diversas y no precisamente todas con felicidad. Ellas representan en la estadística global el 60 % de los pobres del mundo y los dos tercios de sus analfabetos. El Secretario General de la ONU expresó en un acto referido al 15 aniversario de la Conferencia de Beijing
“La injusticia y la discriminación contra las mujeres persisten en todas partes,
se manifiesta en su peor forma, como violencia. Hasta el 70 por ciento de las mujeres sufren de actos violentos durante su vida. La más común de esa violencia es la que proviene de una pareja íntima. A veces se oye decir que tales prácticas son una cuestión de cultura. No lo son. Son abusadores y criminales los que niegan los derechos fundamentales de las mujeres. Lo mismo ocurre con el matrimonio precoz y forzado, los llamados asesinatos por "honor", el abuso sexual y la trata. La mortalidad materna sigue siendo inaceptablemente alta. Demasiadas mujeres siguen careciendo de acceso a la planificación familiar. Los estereotipos de género y la discriminación siguen siendo comunes en todas las culturas y comunidades. Dondequiera que miramos - y sobre todo si miramos a través de la lente de la pobreza -, vemos que las mujeres siguen llevando la mayor carga.
Para el Día Internacional de la Mujer, vamos a examinar críticamente los logros de los últimos 15 años. Vamos a construir sobre lo que ha funcionado, y corregir lo que no.” Lamentablemente sabemos que los esfuerzos de la ONU son muchas veces mal recompensados, en este mundo donde manda realmente el capital, pero al menos es algo.

En medio de ese panorama Cuba disiente, en la Isla las mujeres constituyen el 46 por ciento de la fuerza laboral en el sector estatal civil, el 66,6 por ciento de los técnicos y profesionales locales y el 48,9 por ciento de quienes trabajan en instituciones de ciencia y técnica. En la esfera política, la cantidad de Parlamentarias asciende al 35,96% de los miembros de la Asamblea Nacional, mientras que son la mayoría de los graduados universitarios. En estos momentos de elecciones en Cuba, uno de los esfuerzos mayores de la sociedad, es conseguir la presencia de cada más compañeras en las asambleas de gobierno.
Y aunque no estamos ajenos a la ocurrencia de actitudes machistas, lo cierto es que en Cuba hombres y mujeres se unen para compartir el sacrificio y la trinchera. Acto de honra significa dedicarse a la mujer, ellas como nadie han sufrido los ahogos que nos impone el imperialismo con su cruel bloqueo, ellas como nadie han defendido a la nación. Y ese agasajo alcanza su máxima expresión cuando pensamos en las madres, en las esposas y en las hijas de nuestros Cinco Héroes Prisioneros del Imperio.
Las mujeres protegen la vida de la vulgaridad y el hollín, de la desidia y el pesimismo, del aburrimiento y el desamparo.
Dedico una flor a las mujeres que quiero, y no para que la deshojen con manos de dudas, o por la supuesta fragilidad de su sexo. Sino porque ellas son parte también de la maravilla natural de la espiga.