
El señor de los hierros es un hombre humilde, proletario, jubilado y tiene apellido de poeta. Borges.
Llegó imberbe al central por allá por el 1956 y se mantuvo en la fábrica por cerca de cincuenta años, entre molinos y tanden que pesan cientos de toneladas de sólido metal, y trituran durante 90 días sin parar toda una cosecha de caña de azúcar.
- sigo yendo por allá casi todos los días, ahora hay mucho ajetreo porque la zafra empieza en enero, doy mi opinión sobre las reparaciones, pero ahora el ingeniero trae los planos en la computadora, y yo de esos aparatos no se mucho, yo estoy acostumbrado al plano sobre el hierro, tu mides en el plano y mides la pieza.
Habla sin detenerse como si conversara con un colega entendido como él en esos menesteres de fabricar azúcar, da detalles técnicos, y uno aprende. Yo no sabía que si al bagazo no se le da 45 grados de caída se “duerme” se atasca y el central se para.

Hilda, la esposa trae un café que sabe a hogar, ella comenta sobre el tiempo y aporta un nuevo tema. El tiempo está cambiando. Borges con esa erudición que tiene los hombres iluminados y humildes reflexiona sobre la sequía y el cambio climático, aporta sin errores datos de lluvias anteriores .
- Tenemos además la crisis – le doy un nuevo pie forzado, él se acomoda en el sillón y sentencia
- La crisis la arman los ricos y la sufrimos los pobres, y ¿como la resuelven?, estuve leyendo en el periódico, le dan dinero a los bancos, fíjate se están repartiendo el dinero entre ellos.
Hombres como este que dedicaron toda su vida al trabajo duro, comprenden con toda claridad las esencias de los acontecimientos, y la aportan con el poder de síntesis de un avezado reportero.
- ¿los nietos?
- Bien, en la escuela, el varón está inconforme con la nota que le dieron en Física, pero dice que va a resolver el problema, en el próximo examen lo va a hacer todo bien, sin margen a la duda, la hembra está bien, salieron estudiosos como sus padres.
- ¿Que espera para el 2010? –pregunto y la mujer se asombra.
- Verdad que estamos ya en diciembre, oye que uno se pasa el día en el trajín y el tiempo se le va.
- ¿Para el 2010? Bueno tu sabes no había pensado en eso, yo espero que sea un buen año.
- ¿y la economía?
- Mira mi hijo, yo te puedo asegurar que hemos pasado tiempos peores, hubo una época por allá por los 60 que ni cigarros había, después las cosas se acomodaron y aprendimos a derrochar, vino el periodo especia cuando se calló la URSS y nos volvimos a levantar, en este país la gente está acostumbrada a sobreponerse y salir adelante.
- Es optimista entonces
- Si optimista, tu veras que tendremos un buen año.
Lo dice sonriendo como si conociera los secretos de la temporalidad, pero no es eso, su piel se ha curtido entre la resistencia y los golpes de la vida, para este hombre que nunca se separó de su familia ni de sus hierros, el año malo es el que no vives. Si está ahí estas bien.